El Real Madrid añadió Dortmund como ciudad conquistada a su larga lista de víctimas como el rey de Europa, rescatando la imagen autoritaria de las Supercopas para superar 3-1 y dejar tocado al líder de la Bundesliga, un Borussia que cedió al tanto inicial de Bale y un doblete de Cristiano Ronaldo.

La ciudad de Dortmund estaba marcada en el mapa de Europa madridista. Numerosas visitas recientes y ni una sola victoria que llevarse a la boca. Los últimos intentos acabaron con dolorosos empates que llegaban cuando la batalla terminaba. En esta ocasión el planteamiento del Borussia con defensa adelantada, era una invitación que no podía dejar escapar el ejército de Zidane.

No traicionó sus ideales el conjunto alemán. Directo y vertical, con un inicio a altísima intensidad que hacía vibrar todo el estadio. El Real Madrid se defendió bien, con la figura de Sergio Ramos apareciendo siempre y un despliegue físico encomiable de Carvajal. La consigna de Zidane era clara: trabajar unidos en defensa y con el balón en los pies tocar con rapidez, desgastar a un rival que es puro físico.

El intercambio de golpes casi siempre suele favorecer al Real Madrid. Necesitaba recuperar la pegada tras tantas llegadas sin éxito ligueras y no perdonó Bale. El servicio preciso de Carvajal lo enganchaba sin dejar botar el balón con el interior de su pie izquierdo el galés, cruzado a la escuadra.
El marcador a favor invitó a gustarse a los jugadores de Zidane. Tocaban con velocidad y golpeaban cuando el rival necesitaba un respiro. El escenario perfecto para disfrutar entre líneas Modric, que las superaba para asistir a Bale al que frenaba Bürki deteniendo en dos tiempos su zurdazo.

Las coberturas defensivas funcionaban ante la movilidad de Aubameyang, un delantero incansable que no paró de buscar su espacio entre los centrales blancos. Cristiano cerraba el primer acto afinando puntería con tres intentos. El último el más claro, con balón dejado por Carvajal muerto al borde del área, para que el portugués chutase ajustado al poste.

Los recuerdos del pasado en un estadio en el que nunca había vencido el Real Madrid en seis precedentes aparecieron por momentos en otro buen inicio del Dortmund. Yarmolenko ganaba la espalda de Nacho y asistía de cabeza para convertir en salvador a Varane.
Bale encontraba su verdadera identidad siempre en el costado izquierdo, donde mejor explota las cualidades que le convirtieron en estrella. Siempre vio a Cristiano y de primeras, tras el diseño de jugada de Isco, le puso en bandeja el segundo.

Como hace un año el Real Madrid se ponía 0-2. El aviso de lo ocurrido era claro y sin embargo tuvo momentos de un leve bajón de intensidad. Fue provocado también para la fe del Dortmund, que nunca cesó en la búsqueda del gol. Lo encontraba con centro de Gonzalo Castro desde un costado y el merecido premio para Aubameyang, que se adelantaba a Ramos en el remate.
Fue el único error en la exhibición del jugador de Camas. Cortó todo y sacó el balón siempre jugado. Se incorporó al ataque y hasta mereció el gol en la última acción del encuentro. Para entonces el Real Madrid ya había calmado al rival recuperando el balón tras momentos de agobio, con Keylor firme en dos llegadas del rival, Nacho salvador en otra acción y tras sentenciar el duelo sacando partido del paso a defensa de tres en el Dortmund.

Cristiano, en su competición preferida, volvía a firmar un doblete a once del final. Modric sorprendía y el latigazo en carrera a la red del portugués premiaba un gran partido del Real Madrid que cambia su cara en la Liga de Campeones. El Borussia Dortmund queda tocado con dos derrotas en dos jornadas, lejos de aspirar al liderato con el que cerró la fase de grupos en la última edición.