El amor por los animales de compañía está superando límites: un 14 % antepondría su mascota a cualquier otro ser en el mundo y un 50 % se la llevaría a una isla desierta. ¿La prefiere a ella o a su pareja?

Cada vez es más común escuchar frases como “prefiero un guau de mi perro que un beso de mi novio” o “me gusta más estar con mi gata porque me escucha y me entiende que tener sexo con mi pareja”. Incluso otras como “si no hay nadie más en mi vida no me importa, si mi mascota se queda conmigo”. Cuenta la psicóloga Sandra Martínez que a su consulta llegan cada vez más personas que optaron por el divorcio por cuenta de su animal de compañía. “No lo tolero, me quedo con mi perro”, dicen ellas, mientras que los hombres resienten el descuido: “Prefería al animal, no tengo nada que hacer”.

Un error, según la experta, que dice que esta nueva forma de relacionarnos con los animales está teniendo consecuencias negativas para los animales. “Por este rol nuevo que les estamos dando a los perros y gatos, los animales son cada vez más violentos, se estresan y son muy celosos”, explica. Y culpa a los dueños de esto: “Una relación en la que se humaniza a la mascota, en la que se le pone una carga tan pesada (como el bienestar sentimental), puede provocar diversas alteraciones de conducta”.

Dicen los psicólogos que son muchas las parejas que no saben cómo superar la intromisión de un tercero, pero el tema es increíblemente más complejo cuando ese tercero es la mascota. “Muchos se arman de valor para entrar en la competencia con el animal, pero terminan sintiendo que disputar el cariño de alguien con un perro o gato es agotador y desigual. Sus parejas no acceden a reeducar al animal y le dan un lugar más importante que a la pareja”, explica Martínez.

Según abogados, hoy son más las separaciones por culpa de los animales. “Llegó una mujer muy molesta porque el marido prefería pasear a los perros durante horas que estar con ella y los niños. El hombre argumentaba que el perro era el único que se alegraba cuando él llegaba a la casa”, recuerda Jaime Gómez, abogado de familia. “Hoy ya no es raro que, como el animal es tratado como un hijo, en el divorcio hay que hacer acuerdo de visitas, custodia compartida y pensión alimentaria”, agrega.

El desajuste de la relación con el animal se refleja en los niveles de soledad. Mujeres, adultos mayores y hasta niños pasan más tiempo con las mascotas que con otras personas. Un estudio del Center for Disease Control and Prevention de Estados Unidos reveló que el 62 % de perros y gatos duermen con sus amos. También se determinó que el 76 % de quienes tienen animales de compañía los besan entre dos y cuatro veces al día. “Un silencio con la pareja puede durar semanas. Sólo en esto se ve la importancia que se les concede a las mascotas”, dice Martínez.

Si bien un análisis del Hospital General de Massachussets encontró que el cerebro humano reacciona igual cuando identifica a un hijo que a una mascota, tratarla como tal va en contra de la naturaleza del animal. Un estudio de la Universidad de Indiana (Estados Unidos), realizado con 1.200 personas, reveló que la presencia de un animal en el hogar puede condicionar la relación de pareja de sus habitantes.

“Hay personas que vienen angustiadas a consulta porque su animal se pone muy inquieto o agresivo cuando su novio quiere acercarse. No es posible un beso y menos sexo, porque el perro se interpone y le muestra los dientes al intruso”, cuenta Pedro Sarmiento, veterinario. Pero, como aclaró Martínez, el problema no es del perro o del gato. “Después de darles el lugar que no les correspondía (dormir con ellos, acariciarlos todo el tiempo, llevarlos a restaurantes, vestirlos, sentarlos a la mesa) pretenden que se aparten y los dejen con sus parejas. Hay que reeducarlos, pero eso requiere tiempo y paciencia. Y lo mejor sería nunca darles un lugar que está reservado para otro ser humano”, explica Sarmiento.

El veterinario es enfático: “Un animal puede ser lo mejor que le pase a una familia o a una pareja, cuando se trata como parte importante de la familia sin olvidar su naturaleza animal: es decir, cuando no se lo humaniza. Ellos proveen todo tipo de beneficios, porque está comprobado científicamente que ayudan. Pero si se les cambia su papel, comienzan los problemas”.

Una encuesta publicada por la agencia AP reveló que el 14 % de las personas prefieren a su mascota frente a su pareja. Una investigación de la Fundación Affinity en España descubrió que el 63 % de los dueños admiten contarle secretos a su perro que no conoce nadie más. El vínculo que establecen con su animal de compañía es casi paterno-filial. “El rol de las mascotas está cambiando en la gente. Tanto que hoy son un factor importante a la hora de tener una cita”, explicó Peter Graey, de The Humane Society of the USA. Un 75 % de las mujeres les respondieron a científicos de la Universidad de Nevada que no saldrían con un hombre al que no le gusten las mascotas. Los hombres son más flexibles, pero el 80 % dijo que confiaba más en una mujer que hubiera adoptado a un animal.

El Instituto de Estudios Psicosomáticos y Psicoterapia Médica (IEPPM) de Madrid lo explica así: “Hay individuos con carencias afectivas que proyectan en el animal experiencias afectivas traumáticas con otros sujetos; hay un exceso de soledad o dificultad para mantener relaciones de pareja. Y eso lo termina pagando la mascota”. ¿Prefiere a su animal de compañía?