La enfermedad hepática por depósito de grasa no alcohólica es la patología más frecuente de las que afectan al hígado, conocida como hígado graso, los especialistas estiman que su prevalencia seguirá aumentando a medida que se incrementa el número de casos de obesidad y diabetes.

Además, señalan que la enfermedad hepática por depósito de grasa no alcohólica (NAFLD por sus siglas en inglés) suele desarrollarse en personas con sobrepeso u obesidad, diabetes o niveles altos de colesterol o triglicéridos.

“Una pérdida de peso rápida o unos malos hábitos alimentarios también pueden llevar a desarrollar NAFLD”, subrayan.

No obstante, indican que algunas personas pueden tener la enfermedad aunque no presenten ningún factor de riesgo. Así, esta entidad estima que la enfermedad hepática por depósito de grasa no alcohólica afecta hasta aproximadamente el 25% de los estadounidenses.

Dicha anomalía se detecta con facilidad y, en principio, no debe representar mayor inquietud. Sin embargo, “un 10% de estos pacientes muestra, además de hígado graso, una inflamación. En estos casos, la enfermedad puede derivar en cirrosis, cáncer hepático, aumentar el riesgo de enfermedad coronaria y vascular y de padecer otros tumores como cáncer de mama o de colon”, explica Manuel Romero, especialista en aparato digestivo y miembro de la SEPD.

EL MEJOR TRATAMIENTO: LA PREVENCIÓN

En este sentido, el especialista hace hincapié en la necesidad de estar especialmente atentos a estos pacientes ya que “un correcto manejo y control tanto de la enfermedad hepática como del síndrome metabólico mejorará su historia clínica en lo relativo al hígado y a las enfermedades cardiovasculares”.

Según datos de la SEPD, la enfermedad hepática por depósito de grasa no alcohólica es, hoy en día, la patología del hígado más frecuente, por encima de la producida por el alcohol y de la hepatitis C. “Afecta a un porcentaje de entre el 20% y 30% de la población y se calcula que un 10% de los pacientes desarrollará la manifestación más grave de esta enfermedad”, expresa esta entidad.

Además, los expertos consideran que su prevalencia irá en aumento a medida que crece el número de casos de enfermedades como la obesidad o la diabetes, a las que se asocia con mucha frecuencia.

El primer signo de alerta para detectar la enfermedad hepática es que los pacientes cumplan dos de los tres supuestos siguientes: presentar hígado graso en la ecografía; tener las transaminasas altas en los análisis de sangre o sufrir un trastorno metabólico, como obesidad, diabetes o hiperlipidemia, según indica un estudio publicado en la “Revista Española de Enfermedades Digestivas” .

Respecto al tratamiento, el doctor Romero explica que hay diversos estudios e investigaciones en marcha. Pero, por el momento, “el mejor tratamiento de la patología es preventivo, con un control adecuado del trastorno metabólico, una dieta sana y equilibrada que disminuya el exceso de peso y ejercicio regular”, concluye.

Agencias

La enfermedad hepática por depósito de grasa no alcohólica es la patología más frecuente de las que afectan al hígado, conocida como hígado graso, los especialistas estiman que su prevalencia seguirá aumentando a medida que se incrementa el número de casos de obesidad y diabetes.

Además, señalan que la enfermedad hepática por depósito de grasa no alcohólica (NAFLD por sus siglas en inglés) suele desarrollarse en personas con sobrepeso u obesidad, diabetes o niveles altos de colesterol o triglicéridos.

“Una pérdida de peso rápida o unos malos hábitos alimentarios también pueden llevar a desarrollar NAFLD”, subrayan.
No obstante, indican que algunas personas pueden tener la enfermedad aunque no presenten ningún factor de riesgo. Así, esta entidad estima que la enfermedad hepática por depósito de grasa no alcohólica afecta hasta aproximadamente el 25% de los estadounidenses.

Dicha anomalía se detecta con facilidad y, en principio, no debe representar mayor inquietud. Sin embargo, “un 10% de estos pacientes muestra, además de hígado graso, una inflamación. En estos casos, la enfermedad puede derivar en cirrosis, cáncer hepático, aumentar el riesgo de enfermedad coronaria y vascular y de padecer otros tumores como cáncer de mama o de colon”, explica Manuel Romero, especialista en aparato digestivo y miembro de la SEPD.

EL MEJOR TRATAMIENTO: LA PREVENCIÓN

En este sentido, el especialista hace hincapié en la necesidad de estar especialmente atentos a estos pacientes ya que “un correcto manejo y control tanto de la enfermedad hepática como del síndrome metabólico mejorará su historia clínica en lo relativo al hígado y a las enfermedades cardiovasculares”.
Según datos de la SEPD, la enfermedad hepática por depósito de grasa no alcohólica es, hoy en día, la patología del hígado más frecuente, por encima de la producida por el alcohol y de la hepatitis C. “Afecta a un porcentaje de entre el 20% y 30% de la población y se calcula que un 10% de los pacientes desarrollará la manifestación más grave de esta enfermedad”, expresa esta entidad.

Además, los expertos consideran que su prevalencia irá en aumento a medida que crece el número de casos de enfermedades como la obesidad o la diabetes, a las que se asocia con mucha frecuencia.

El primer signo de alerta para detectar la enfermedad hepática es que los pacientes cumplan dos de los tres supuestos siguientes: presentar hígado graso en la ecografía; tener las transaminasas altas en los análisis de sangre o sufrir un trastorno metabólico, como obesidad, diabetes o hiperlipidemia, según indica un estudio publicado en la “Revista Española de Enfermedades Digestivas” .

Respecto al tratamiento, el doctor Romero explica que hay diversos estudios e investigaciones en marcha. Pero, por el momento, “el mejor tratamiento de la patología es preventivo, con un control adecuado del trastorno metabólico, una dieta sana y equilibrada que disminuya el exceso de peso y ejercicio regular”, concluye.

Agencias